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BIOGRAFIA
PADRE PABLO ROBERTO TISSERA (SJ)
(Córdoba, Argentina. 1926 - 1997)



El momento de su ordenación, el día
9 de Agosto de 1959, en la Catedral de
San Luis, pcia. de San Luis, Argentina.


NIÑEZ Y VOCACION
La provincia de Córdoba (Argentina) es conocida, entre otras cosas, por la fuerte impronta dejada por los jesuitas desde 1599. En su ciudad capital, y de manera humilde, nació Pablo Roberto Tissera el 11 de Febrero de 1926, hijo de Rosa Madariaga, costurera, y de Victorio Tissera, suboficial del Ejército. Creció en un ambiente de respeto, obediencia y caridad. Al parecer, de pequeño tomaba alimentos de su casa y los llevaba a niños pobres que buscaba en baldíos cercanos. También, a veces, acompañaba a su padre al cuartel en sus turnos nocturnos; gracias a ello accedía a la biblioteca donde leía libros de historia y copiaba las ilustraciones de soldados con sus uniformes. Quizá influido por costumbres de la época y porque era lo que conocía, Roberto quiso seguir la carrera de su padre. A punto de terminar el colegio primario, fue enviado a Buenos Aires donde Miguel Madariaga, hermano de leche de doña Rosa y hermano jesuita, lo acompañaría a una entrevista con autoridades del Ejército. Pero Roberto regresó a Córdoba desilusionado tras conocer todo lo que implicaba la vida militar.

En 1934 comenzó su instrucción secundaria en el Instituto Monserrat, erigido por los jesuitas, que por entonces era sólo para varones. Tras dos años de estudio y con unos 15 de edad, Roberto planteó a sus padres su elección final: quería ser sacerdote. Y además, jesuita. Posiblemente la cercanía con la Capilla Doméstica de la Compañía lo haya estimulado a acercarse, no sólo por una necesidad espiritual, sino también atraído por la belleza de sus ornamentos. Décadas más tarde dejó constancia del "llamado" que sintió de Dios en una postal dirigida a su amiga y abogada González Espul:


"Aquí comenzó todo para mí. Aquí, no sé por qué se me ocurre que fue en una siesta de 1942 junto a un Cristo yacente en esta Iglesia de la Compañía donde me crié, creí OIR que me llamaba. Todavía está nítida en mí su Presencia. Pablo. Ahora. 20 - 11 - 1983".


Esta decisión alborotó el seno familiar. Si bien era un orgullo tener un hijo sacerdote, también era doloroso dejar ir al único hijo varón durante 16 años de estudio. Pero ante la insistencia de su hijo, sus padres no pudieron negarse. Fue entrevistado por las autoridades de la Compañía y aceptado como postulante.

Ingresó al Noviciado en Córdoba el 1 de Marzo de 1943, continuó durante un año en el Noviciado de Montevideo (Uruguay), y para seguir el Juniorado regresó a Córdoba, donde cursó Humanidades y Letras en el Instituto de Humanidades y Literatura de la Compañía de Jesús. En el Colegio Máximo de San Miguel (pcia. de Buenos Aires) estudió filosofía por cinco años más. En 1953 comenzó su magisterio en el Seminario Menor, y en 1954 continuó, con rango de Maestrillo, en el Instituto Inmaculada de la ciudad de Santa Fe, en la provincia homónima. Le faltaban aproximadamente tres años para ordenarse.

ALEJAMIENTO DE LA COMPAÑIA DE JESUS
Eran tiempos difíciles en Argentina, pues el entonces presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, se enfrentó abierta y violentamente con la Iglesia. Tissera era una de tantas personas que, además de católica, se consideraba peronista por el carácter reivindicador de los obreros y los pobres que tenía este movimiento. Pero debido a las circunstancias y anteponiendo su amor a Dios, Tissera optó por defender a la Iglesia, y lo hizo distribuyendo panfletos. No sólo esto traería tristes consecuencias en el destino del joven Tissera. El 22 de Mayo de 1955 era día de fiesta en el Instituto Inmaculada de Santa Fe, y pese a estar prohibidas las procesiones públicas, el rector Ghilardi encabezó una para entronizar una imagen de la Virgen en el campo deportivo al cual se accedía desde la calle. Varios agentes policiales intentaron detener su marcha y comenzó un forcejeo que terminó con la imagen de la Virgen en el suelo, en golpiza de los policías al rector y quienes salieron en defensa de éste y de la imagen. Entre ellos se encontraba el Maestrillo Tissera, que fue detenido junto al rector, algunos sacerdotes y varios laicos. Al día siguiente fueron liberados muchos de ellos.

Meses después, tras el golpe de Estado (autodenominado "Revolución libertadora") de 1955, el joven Tissera fue convocado por el provincial de los jesuitas, Francisco Zaragozi, quien le dijo que no consideraba adecuado su comportamiento durante los hechos antes descriptos. Con gran dolor de su alma, Tissera fue obligado a dejar su amada Compañía de Jesús. Así comenzó una lucha diplomática, sumamente discreta, íntima y constante hasta sus últimos días, en la que intentó obtener su readmisión.

ORDENACION
El joven Tissera recurrió al Obispo de la provincia de San Luis, Mons. Di Pasquo, para que lo ayudase a concluir sus estudios, aunque fuese dentro del clero secular. Por la seguridad y tranquilidad de Tissera, fue enviado nuevamente a Montevideo donde comenzó teología. Pero por falta de recursos debió regresar y fue derivado al Seminario San José en La Plata (Buenos Aires), donde fue alumno de Monseñor Primatesta y de Monseñor Podestá. Continuó teología en el seminario en Villa Devoto (Buenos Aires) durante un año y medio más. Allí se reencontró con un ex-alumno, Carlos Mugica, el mismo que más tarde fue conocido como "el cura villero" por su labor y discurso incondicional en favor de los pobres y que en 1974 fue asesinado brutalmente por la "Triple A" al salir de una misa.

En los veranos de 1958 y 1959, Tissera participó de misiones rurales en la zona de las sierras Comechingones, provincia de San Luis, donde tuvo contacto directo con la realidad de los olvidados del interior del país argentino. Dentro de los grupos misioneros conoció a varios jóvenes con quienes se reencontraría años más tarde en Buenos Aires.

Finalmente, el 9 de Agosto de 1959, Pablo Roberto Tissera fue ordenado sacerdote secular en la Catedral de San Luis (ver foto).

EN MERLO, SAN LUIS
El 1o. de Enero de 1960 el flamante Padre Tissera fue enviado por Mons. Di Pasquo como Teniente cura a la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, en la pequeña Villa de Merlo, pcia. de San Luis, junto al párroco Isidoro Psenda (ver foto). El Padre Tissera, entusiasmado, no se limitó a efectuar las labores parroquiales y sacramentales, visitar enfermos y familias más aisladas geográficamente, sino que además comenzó a recorrer el pueblo, sus alrededores y su gente para saber cuáles eran las problemáticas más urgentes a resolver. Al poco tiempo llegó a la conclusión de que, entre otras, una de las más acuciantes era relacionada con los jóvenes. Las familias debían hacer grandes sacrificios para enviar a sus hijos a otros colegios secundarios de la zona, no tenían dinero para pagarles sus libros o su vestimenta, los caminos aún eran de tierra y si llovía eran intransitables, y el teléfono aún no había llegado, con lo cual la comunicación entre los pueblos era muy lenta o sumamente dificultosa. Quienes podían pagar traslados, estadías y demás, enviaban a sus hijos a las grandes pero lejanas ciudades, pero ésto generaba un gran desarraigo en las familias y en el pueblo en general. Hacía falta un colegio secundario.

Avalado por Mons. Di Pasquo, consiguiendo donaciones y con gran esfuerzo de padres, pobladores y el mismo Padre Tissera, mientras profesores dictaban las clases ad honorem en un colegio primario por las tardes, fue levantado el edificio a partir de 1962. Ya este sacerdote era conocido como "el cura de la sotana corta", pero para entonces también se lo apodó "el cura obrero". El edificio fue inaugurado en Marzo de 1964 y hoy esta institución se encuentra en actividad creciente.

Entretanto, el obispo de San Luis, Mons. Di Pasquo, falleció por una enfermedad terminal y fue reemplazado por Mons. Cafferata.

Paralelamente a la construcción del Orzali, en las afueras de la ciudad se inició la de un casino. Preocupados por la influencia negativa que tendría aquello entre los pobladores -mayormente agricultores-, tanto el P. Tissera como el P. Psenda se opusieron a su desarrollo. Pero el salón fue concluido incluso antes que el colegio. En 1965, aunque por motivos aún un poco confusos que incluyen razones de salud y el hecho antes descripto, el Padre Tissera debió abandonar Merlo por decisión del obispo, sumando un nuevo dolor al que ya cargaba en su corazón.

EN BUENOS AIRES

Su nuevo destino fue Buenos Aires, más exactamente la zona norte del conurbano. Fue capellán del colegio Santa Teresita (Florida, partido de Vicente López), y los domingos concelebraba en las misas de la Parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos. Allí se reencontró con algunos de los jóvenes provincianos que conociera en las misiones rurales, y viendo su falta de recursos comenzó a hospedar a algunos con él en el colegio Santa Teresita. Meses después fue redestinado como Vicerrector del Colegio Fátima (ex-Colegio Acasusso, en Martínez, San Isidro), y llevó consigo a sus huéspedes. Ya eran siete los estudiantes universitarios que lo seguían, pero se sumaron otros, casi todos de escasos recursos.

Antes de finalizar 1967, el Padre Tissera pudo alojar más cómodamente a los muchachos. El Padre Gardella, capellán de la Policía Federal, disponía de nueve vagones de tranvía en la costa del río (Vicente López) a modo de hogar de niños, pero la zona no era lugar adecuado para ellos. Gardella y Tissera acordaron un alquiler por las instalaciones, y éste se trasladó con su grupo a su nueva residencia, que incluyó una capilla en uno de los vagones. De vez en cuando, para alentar la formación de los estudiantes, el Padre Tissera les organizaba charlas con diversos profesionales e intelectuales. Allí siguió conociendo a muchos de los que luego formarían parte de su feligresía y su círculo de amistades.

LA SEDE MISIONAL SANTO TOMAS MORO
Tiempo después, a principios de la década del ´70, Tissera y sus muchachos se mudaron a una vieja casa que acondicionaron, sobre la calle Marconi. Poco más tarde consiguieron un chalet de dos pisos con amplios patio y jardín sobre la calle Urquiza. En este último se alojó el Padre Tissera y parte del grupo, que ya rondaba las 40 personas. El chalet de la calle Urquiza fue denominado "Sede misional Santo Tomás Moro" y "Colegio Mayor Universitario San Pablo", y el Padre Tissera pudo concentrar allí su labor pastoral. Su pequeña sala principal se convirtió en capilla y aprovecharon los bancos de los tranvías, que debieron ser desmantelados (hoy funciona allí el club deportivo municipal).

Aquellos eran tiempos turbulentos no sólo en Argentina sino en Latinoamérica y el mundo. Mayormente era la juventud la que se destacaba por su lucha por los derechos y libertades de los pueblos, manifestada de diversas maneras. Los gobiernos militares combatían las guerrillas, generalmente integradas por jóvenes, y por ello se desalentaba la creación de institutos o casas para estudiantes. En esa época la casa de Marconi debió ser desalojada.

Mientras tanto, el estilo del Padre Tissera, franco, abierto, muchas veces polémico, pero siempre hablando de Cristo, más la cantidad de actividades solidarias que generaba, cautivaba espontáneamente a cada vez más gente que incluso, por falta de espacio, se asomaba por las ventanas o se quedaba en alguno de los patios del chalet para intentar escuchar lo mejor posible al sacerdote en sus misas. La ya conformada comunidad de la Sede Misional necesitaba un templo. Junto al chalet se hallaba la ya vieja fábrica de pastas "Simonini", abandonada, lo suficientemente grande como para albergar algunos cientos de personas. Siempre con la ayuda de la comunidad, haciendo campañas de recaudación de fondos y pidiendo préstamos, a fines de los `70s. fue comprada y refaccionada para el nuevo uso que se le iba a dar. En 1980 fue inaugurada y hasta el día de hoy permanece en pie. Su estilo, como lo deseaba el Padre Tissera, es sencillo, austero, artesanal, sin elementos lujosos que la hagan ajena a los más humildes.

LA OLLA POPULAR
Si bien la parroquia se encuentra en una zona de buen poder adquisitivo, el Padre Tissera entendió que la obra de la Iglesia debe procurar con énfasis las respuestas a los afligentes tiempos que castigaban cada vez más a los sectores más pobres de las no tan lejanas villas. Se dice que un día unas pocas mujeres humildes se acercaron un mediodía para pedirle algo de comer al Padre, que les preparó un almuerzo. La noticia corrió de boca en boca: enseguida duplicaron el número y pronto superaron las cien personas, provenientes de barrios carenciados. Así nació la olla popular en 1981 que, para cubrir la demanda, debió organizarse en turnos atendiendo a niños, mujeres y hombres. Y sabiendo que, para tener dignidad, el ser humano no necesita sólo alimentar el estómago, dispusieron gratuitamente asistencia social, consultorios médicos, farmacia, odontología, dos duchas individuales, ropa, alimentos, y por supuesto la atención espiritual de cientos de personas. La ropería se mantiene aún hoy gracias a varias mujeres que trabajan silenciosamente en el salón de arriba del templo.

Lamentablemente muchos vecinos comenzaron a protestar por la cantidad de gente que, al irse de la Sede Misional cada semana, pasaba por las casas pidiendo ayuda económica, ropa o alimentos. Las presiones obligaron a cerrar la olla tres años después.

El año 1989 fue un año significativo, pues en Marzo se cumplieron las Bodas de Plata del Instituto Monseñor Orzali y en Junio la Sede Misional Santo Tomás Moro tomó estado de Parroquia. En Merlo, el Padre Tissera fue recibido con gran alegría y se lo agasajó en el acto de celebración. El mismo debió hablar a pedido del público: pidió perdón "por haberlos abandonado" y agradeció a la gente su demostración de afecto. Años después regresó para un homenaje a los mayores donde además fue declarado "Ciudadano Ilustre".

DOS HOGARES PARA NIÑOS Y EL ULTIMO GESTO

El Padre Tissera, preocupado siempre por el futuro, estaba convencido de que quienes más padecen son los niños de la calle. En principio pensó en hacer una guardería en la zona del Puente Saavedra debido a que la zona era y es un notorio centro de trasbordo de pasajeros de zonas humildes y alejadas, pero no pudo concretarla. Sin abandonar su idea, la moldeó como hogar para niños, y con la solidaridad de la comunidad y la Junta Parroquial consiguieron una casa para este proyecto, que fue refaccionada por albañiles y voluntarios, haciéndola digna y capaz de dar hogar, con todo lo que esta palabra significa, a 20 niños en situación de riesgo o de calle y a sus celadores. En 1987 fue bendecida la que hoy sigue siendo la "Casa de Jesús" (Laprida 2475 - Florida).

Entretanto, la salud del Padre se debilitaba, en parte debido a afecciones anteriores como el tifus sufrido durante las misiones rurales, y por otra parte debido a sus diversas y profundas preocupaciones, el estrés y las depresiones. Por prescripción médica, en dos oportunidades debió alejarse de Buenos Aires (en 1991 por un año, y en 1992-93 por año y medio), descansando en el Centro de retiros de los padres Pasionistas en Colonia Caroya, provincia de Córdoba. Sin embargo, sus feligreses y amigos no lo olvidaban y quienes podían iban a visitarlo cuando podían.

Al regreso de su último retiro, el Padre Pablo pasó a vivir en la Parroquia San Gabriel, siendo párroco el Padre Aníbal Coerezza con quien se conocían desde años atrás. En Santo Tomás Moro fue nombrado el Padre Rafael Rodríguez como sacerdote administrador.

En 1995, junto a las Sras. Martha Mugica, Lucía Larisson y el Padre Coerezza, entre otros, acompañó un tramo de la procesión de la Virgen de Guadalupe en Colombia. Antes de regresar hizo una escala de pocos días en Cuba, de la cual quedó impresionado por la gran fe de sus habitantes y la dura vida que tantos llevaban.

A su regreso, y si bien sus fuerzas se iban consumiendo, siempre con la ayuda de sus feligreses y amigos, buscaba concretar otro proyecto en favor de la infancia y el futuro. El Padre Pooli, de la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia, le ofreció en comodato una casa que le habían donado. Quedaba a tan sólo cuadra y media de la "Casa de Jesús". Tras refaccionarla, el 1º de agosto de 1995 nació un nuevo hogar, donde 18 niñas comienzan a vislumbrar un futuro mejor, que es hoy la "Casa de María" (Alsina 2311 - Florida).

Aquel mismo año, los feligreses de la Pquia. Sagrada Familia y varias sedes misionales de su jurisdicción, en el barrio de Carapachay (Vicente López al Oeste), quedaron impactados, perplejos y muy dolidos tras enterarse de que su párroco, sin aviso alguno, había dejado los hábitos al enamorarse de una mujer. Compadecido por el dolor de esas comunidades, y pese a su delicado estado de salud, sabiendo que el Obispo Casaretto buscaba un reemplazante con urgencia, el Padre Tissera se ofreció para tomar su lugar. Se entregó a consolar y reorientar a estas comunidades durante un año y medio, gesto que lo agotó definitivamente. Hacia fines de 1996 regresó a su hogar familiar de Córdoba para intentar recuperarse.

DESPEDIDA CON SABOR A GLORIA
Sus hermanos Selva y Victorio se esmeraron en el cuidado de su hermano mayor. Sin embargo, el Padre Pablo no evolucionaba muy favorablemente. Fue internado dos veces en una clínica. Muchos feligreses y amigos que se desviaron de sus vacaciones al conocer la noticia. Llenaron su habitación y pasillos para verlo y estar al menos un minuto con él. Quienes no pudieron viajar le escribieron cartas. Rezaban todos juntos acompañando al viejo y cansado sacerdote que, aunque en su lecho de muerte, les regalaba su sonrisa agradecida.

Y el 8 de Febrero sucedió lo inesperado. El Padre Estrella, sacerdote jesuita conocido por los Tissera, entró en la habitación con la noticia de que, a pedido de Selva, habían sido revisadas todas las actas de dimisiones de la Compañía de Jesús desde 1946 hasta la fecha: el ajelamiento forzado del maestrillo Pablo no estaba registrado en documento alguno. Por lo tanto, le tomaría los votos de jesuita. Una inmensa alegría inundó el corazón agobiado del Padre Tissera; después de largos y penosos 42 años, se hacía realidad su tan anhelado sueño de pertenecer a la Compañía de Jesús, que ya parecía imposible. Una vez tomados los votos y habiendo sido bendecido, él mismo quiso bendecir a su vez a quienes estaban presentes. Un testigo presencial escribió luego: "
Fue grande su bendición. Fue más allá de esas cuatro paredes. En su gesto palmas arriba se leyó: ´Vayan en paz, que estén bien´".


Quienes allí estuvieron esa noche, tomados de las manos, rezando y cantando suavemente con el Padre Pablo en sus últimos minutos, dicen que se percibía el ambiente lleno de amor y paz, e incluso que parecía oler a jazmines.

El 9 de Febrero de 1997, a la 1.15 de la noche, el Padre Pablo Roberto Tissera (S. J.) se reunió apaciblemente con el Padre.


Dos días después, el 11 de Febrero, hubiera cumplido 71 años de edad.

***

Su cuerpo fue velado en la Capilla Doméstica Jesuítica de Córdoba, repleta de gente. La Parroquia Santo Tomás Moro, en Buenos Aires, se llenó hasta la vereda en la misa que se efectuó en la noche del lunes 9. En ella el Provincial de los Jesuitas, P. García Mata (S. J.), a través de un enviado, pidió públicamente perdón en nombre de los Jesuitas "porque no lo supimos comprender a Pablo". El sepelio fue transmitido por radio al pueblo de Merlo, San Luis, que detuvo los festejos por los doscientos años de la Villa y enarboló las banderas a media asta en señal de duelo.

El Padre Pablo Tissera fue alguien jugado por el amor, un sacerdote diferente. Una figura extraña en nuestra época. Un hombre auténtico y un creyente apasionado que dio generosamente su vida a Dios y a los hombres. Según el Padre David Pica (*), el Padre Tissera "deja una enseñanza que no queda en una placa de bronce. Queda grabado en el corazón de los hombres".


(*) Párroco de Nuestra Señora del Rosario, Merlo, San Luis. Testimonio de Abril de 1997.


Nota: Agradecemos a las decenas de personas que colaboraron con sus testimonios y aportaron materiales sobre los que se basan esta biografía y el sitio web en general.

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